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	<title>Psicología Conjetural &#187; Psicología Conjetural &#187; Psicología Conjetural</title>
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		<title>La red de las causas</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Dec 2013 12:48:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Giorgio Tamburini]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el cotidiano entrelazado de las causas y los efectos, es válido suponer que cada acto busca su origen en un ignoto primer acto y que extiende su sombra hasta el último movimiento del universo, cada cosa es a la vez imprescindible e inevitable. Es una elección, como cualquier otra, decir que este pequeño episodio [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el cotidiano entrelazado de las causas y los efectos, es válido suponer que cada acto busca su origen en un ignoto primer acto y que extiende su sombra hasta el último movimiento del universo, cada cosa es a la vez imprescindible e inevitable. Es una elección, como cualquier otra, decir que este pequeño episodio comenzó el viernes, una reunión que se cancela me pone con treinta minutos de anticipación en el lugar de una segunda reunión, decido caminar y en esa ruta casual, que intencionalmente se demora, encuentro una imprenta. Como debo hacer unos documentos aprovecho la propicia ocasión, todo listo para el lunes.<br />
Los documentos deben ser timbrados en la oficina de impuestos internos, lunes y martes se dan cosas que me impiden ir, entre otras un paro nacional del servicio, el miércoles me levanto con toda la mañana y parte de la tarde disponible para los trámites y descubro, aún en casa, un error del documento que mandé a imprimir, eso hace inútil ir a la imprenta. Paso horas leyendo para hacer provechoso el rato, leo sobre un producto anti cancerígeno muy eficiente, me sorprendo, lo guardo en la memoria, de pronto una revisión casual me muestra que el documento está correcto, yo había equivocado la página en la primera revisión, escasamente prolija, son las once de la mañana. Corro a la imprenta, a las 11:30 estoy allí y curiosamente hay una larga fila de gente esperando, no importa, la oficina de impuestos cierra a las dos, hay tiempo. A las 11:50 me atienden, un error en la guía interna de la imprenta les ha impedido hacer mis documentos, me retiro a mi oficina, son las doce cuando llego a una pequeña cocinería que abre a esa misma hora, paso a comprar mi almuerzo para llevar, como están recién abriendo, la cocinera está en el mostrador, la saludo y recuerdo que yo he atendido a su mamá, soy psicólogo, le pregunto como está y me dice que mal, acaban de sacarle un riñón afectado por el cáncer, como es mayor, no harán quimioterapia ni radiarán, solo le han dicho que &#8220;hay que cruzar los dedos para que esto no vuelva&#8221;, yo recuerdo la lectura casual y le cuento de esa cosa que parece ayudar mucho en estos casos, por dentro siento algo más grande, todo lo que tuvo que pasar para que yo estuviera ahí justo a esa hora, con el recuerdo fresco de esa lectura en particular. Ella tenía ahora una esperanza, yo, una confianza muy humana, al menos en este caso, el remedio será eficaz.<br />
Si la casualidad, otro nombre de Dios, se muestra tan minuciosa y precisa al buscar un objetivo en este pequeño acto de seis días,  me parece ingenuo creer que no es así en todo.<br />
GT</p>
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		<title>Eternidad</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jul 2013 04:31:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Giorgio Tamburini]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En ese tiempo el hombre creía ser solo uno, aun le era extraña la idea de su multiplicidad. Según su percepción, el bebé dejaba de existir para ser niño y el niño dejaba de existir para ser joven y el joven adulto y el adulto un viejo y el viejo nada. Se pensaba evolutivo, su tiempo era el instante secuencial de la consciencia, no adivinaba el tiempo absoluto, el único instante, el único espacio, aquel en que están simultáneamente todos los sucesos, inmóviles, finitos. No intuía que en cada hoy coexisten todos los ayeres y todos los mañanas.<br />
Teníamos en ese momento la misma edad, él parecía demasiado abrigado, intenté un dialogo casual, algo sobre el clima creo, él no respondió, se limitó a mirarme, preguntó si sentía frío, le dije que no, yo me congelo, agregó, seguimos una larga conversación, él se veía algo nervioso, talvez algo triste, aun así reímos mucho. Yo miraba las hermosas flores del jardín, él se levantó quizá muy lento y, frotándose las manos, como despedida me besó en la frente , fue extrañamente grato, no pude evitar notar su inmenso parecido con mi hijo pequeño que estaba durmiendo en mis brazos, sentí el dulce agrado de su olor, pensé que un día sería como ese hombre que me besó la frente, me emocionó pensarlo, me vi de pronto viejo y torpe e imaginé que era mi hijo ese hombre extraño que con tanta dulzura me besó, pero para que pensar en esa futura nostalgia, es un hermoso verano y siento el calor de mi niñito en los brazos.<br />
GT</p>
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		<title>El Desvío</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jul 2013 04:29:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Giorgio Tamburini]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Iba por la carretera, solo, como tantas veces, perdido en la serena contemplación de esa sucesión de líneas y luces que promete destinos desconocidos. Sin prisa, como aquellos a quienes nadie espera, cansado, como todos los que han hecho de sus vidas una batalla. Me tentó ese precioso camino que se desviaba de la vía, iluminado y sin peajes, decidí entrar en él, para ver cual era la maravilla que escapaba al hambre inacabable del materialismo urbano. La salida se torcía suavemente en una curva alucinante que pasaba bajo la carretera, para enfilar el rumbo hacia una silueta arbolada de noche y sombras, en donde el camino se hacía terroso y acalaminado. Cuando todo parecía hacerse soledad de camino rural, de fundo, divisé la luz cálida, temblorosa, de farol al viento, entre ramales y zarzas había caballos y coches. Pronto aparcaba en un barroso antejardín campestre. Era una confusión de bar, hostal y pajarera, con olor a arrollados y a hombres de tierra, con toscos vasos de vidrios turbios, con vinos aguados y dulzones, me senté en una de las mesas y pronto una mujer de esas de servicio y ternura puso sopaipillas, pebre y vino sin mediar instrucción alguna, le entregué un dinero que me pareció más que suficiente y que ella tomó sin mirar siquiera, los hombres bebían entre risas y cantos rurales, la música acompaña sentidos y banales lamentos, que se nutren de la familiar palmada al anca de la niña, que desde hace demasiados años sirve mesas con los mismos clientes. De pronto entran los hombres graves, trajeados, y los miro con asombrada falta de disimulo, “vienen del velorio del pueblo” me dice la moza, atraviesan el recinto y se sientan a mi mesa, tienen un arrastrado acento argentino que llama mi atención, uno de ellos está perdiendo la vista, pero lo disimula con la forma natural y el dialogo fluido, cautivante, que positivamente nos arrastra en una corriente de criollismo y milonga, poco dice de si mismo, pero algo se intuye como de grandeza y docta comprensión que lo hacen imposible en este lugar que, a los demás, parece habernos obligado a un experienciar vulgar y, entre más de un trago y otro, la eternidad del momento se torna sustancial. De pronto nos encontramos atrapados entre versos, y me veo sin saber como, en una cama que huele a tierra y trilla, con una mujer de dulce uva y mostaza, estoy extasiado de entrega y abandono, sin pensar, agradecido y dispuesto, entre sudores intuyo las luces del amanecer, luego todo es luz intensa y preguntas, “¿tu nombre?”, “¿tu edad?”, y esas frases de nada, “todo estará bien” y yo, sin que me importe recordar el accidente, desesperadamente, quisiera saber donde tomé el desvío.<br />
GT</p>
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		<title>Miedo</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jul 2013 04:28:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Giorgio Tamburini]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tenía ocho años y el miedo, el descubrimiento reciente de la realidad de la muerte matizaba las sombras del insomnio. Me había sentado en la cama, intentando alejar esos pensamientos que acechaban mi sueño, sudaba. Mi padre se levantó, escuché sus pasos en el crujir de las maderas viejas del suelo, se sentó a mi [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tenía ocho años y el miedo, el descubrimiento reciente de la realidad de la muerte matizaba las sombras del insomnio. Me había sentado en la cama, intentando alejar esos pensamientos que acechaban mi sueño, sudaba. Mi padre se levantó, escuché sus pasos en el crujir de las maderas viejas del suelo, se sentó a mi lado, me abrazó.<br />
&#8211; ¿Qué pasa hijito?- Preguntó dulcemente.<br />
&#8211; Tengo miedo.<br />
&#8211; ¿De qué tienes miedo, pequeñito?<br />
Guardé silencio, quizá temía que las palabras pudieran darle realidad a mis pensamientos.<br />
&#8211; Vamos, puedes decírmelo, nada va a pasar.- su voz segura, su abrazo cálido y fuerte calmaba un poco los latidos de mi corazón.<br />
&#8211; Me da miedo que ustedes mueran.<br />
Él sonrió.<br />
&#8211; Hijo, eso nunca va a pasarte, nunca, nunca va a pasarte a ti.<br />
&#8211; Papá, dicen que todos mueren y no quiero estar sin ustedes.<br />
&#8211; Si, eso dicen y yo te prometo que no vas a perdernos.<br />
&#8211; Es que un día morirás.<br />
-Si, pero eso no lo vivirás tú, sino un hombre mucho más viejo.-estrechó el abrazo y me besó en la frente.<br />
De una forma extraña, comprendí sus palabras. El miedo se fue y la niñez siguió feliz y protegida. Muchos años después, en un día que mi mente se niega a recordar, papá, aún joven, murió. Yo, ciertamente, era un hombre, mucho más viejo que el niño de aquella noche, pero aún sigo sintiendo a ese pequeño dentro de mi y papá está abrazándolo.<br />
GT</p>
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		<title>Ayer</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jul 2013 04:27:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Giorgio Tamburini]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esto ocurría cuando era niño, lo recordó de pronto y el recuerdo se hizo familiar, salvándole de la extrañeza que naturalmente emerge de lo nuevo. Era pequeño, de no más de siete u ocho años y el juego consistía en crear un día de ayer, imaginar la  cosas como le hubiese gustado que fueran, después de hacerlo durante [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Esto ocurría cuando era niño, lo recordó de pronto y el recuerdo se hizo familiar, salvándole de la extrañeza que naturalmente emerge de lo nuevo. Era pequeño, de no más de siete u ocho años y el juego consistía en crear un día de ayer, imaginar la  cosas como le hubiese gustado que fueran, después de hacerlo durante unas horas le inundaba la alegría, como si esas creaciones fuesen recuerdos verdaderos y no pocas veces era incapaz de establecer que cosas tenían el dudoso estatus de lo ocurrido y cuales el de lo creado. Lo extraño estaba en que algunas de sus creaciones comenzaban a ser recordadas por otros. Imaginó que comenzaba y dejaba inconcluso un partido de cartas con su vecina, pequeña como él, nunca le había dirigido la palabra, pero ese día al cruzarse en la vereda ella le dijo: “tenemos que terminar el juego que empezamos”, él sonrió pero no pudo responder. Desde entonces habían sido amigos, novios y hoy, casados, compartían el hogar y los hijos, él había olvidado el evento mágico que los unió en aquel primer diálogo, eco o consecuencia de un evento imaginario.</p>
<p>GT</p>
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